Wednesday, June 22, 2011

infinito


que pronto terminaron las horas y empezaron a alargarse los minutos
las sonrisas se cambiaron por lejanos toques así como a escondidas
da igual que selles tu silencio con un beso
o con el "buenas noches"
ya da igual que incluso haya silencios

mi cabeza esta ardiendo no te queda ni agua
ni tampoco cerillas
seguiré ordenando el cajón de ropa delicada
noqueada
por cuentas aritméticas.

lleno de vacío


como seres disciplinados
pegamos rodilla y nudo de muñecas
nos sentamos de frente
esperando que un día el árbol del papel de la pared
suelte
hojas y vuelen con ellas cabellos de niñas que nos llenen la boca

cortamos en bloques de a tres los hilos de a tres con tres suaves nudos
permitiendo que escapen de mi falda y camisa las fibras
del bote de cristal hecho carne que eres
el liquido que he sido

perfecta armonía que lo impar de una mano
se haga par al unirlas sagradas
siendo todos buenos
sin haber nunca pecado, en paz
descansamos...
pero hay muertes que se dan mucho antes
antes de las esquelas.

Monday, June 20, 2011

Tuesday, April 19, 2011

pdt. tazas con rosas, dosis de edulcorante


Día 1


Resulta ser verdad eso que dicen que la cafeína es adictiva. Estoy aquí y el sol, que entra por la cristalera, inunda en distintos tonos por orden: calcetines morados, pantalón a rayas verde, blanca y negra, camiseta panadero marrón otoño, manos y cara rosa gris.

No he parado desde que he vuelto a casa: limpiar el baño, hablar con mamá, beber corriendo cacao y galletas... Y este sol que me activa no puede con el peso de mis ojos, cuanto pesan las pestañas, como si tirasen de ellas pequeños y endebles enanos, posados en la mejilla lanzándose al vacío.

De pronto pienso que quizá fui pelirroja, que llevaba algo a cuadros, pequeños, fuerte y sombra, el mismo color, el mismo aburrido orden, y también pienso en mantequilla; mantequilla naranja que termina con el orden.

Es extraño saber que fui pelirroja, más cuando se es un hombre. Pero lo extraño se hace poético, simple, acogedor, cuando el hombre soy yo.

He tenido la llamada esa, la de los arqueólogos, los niños bien, los reptiles, esa de ir cruzando carreteras y perder la cabeza buscando un horizonte pleno, amplio, desconocido. La presa tentación de sumar tickets de pasos, roces de palmas de manos grasientas, yo, mi cámara, el mundo.

He pulsado el resorte de lo establecido, y me he dicho: “A casa, a dormir, a clonar días frente al televisor, a seguir viendo cine canadiense subtitulado”. Y aquí estoy pensando que quizá la vida nos viene de repente, se va corriendo, y lo que llevas es lo que más tarde guardas.

Me arrincono siempre en la cobarde estabilidad, y admiro de lejos a pequeñas rubias que sueltan párrafos sin pestañear, a enfant terribles con jerseys fluor, a viejas al volante de un coche capturando la esencia del momento, analógicamente.

Defino bien la estructura: “Padre, figura impertinente, sombra enorme, cortacesped, silencio negro, cuchillo; Madre, trabajadora insaciable, insaciable soñadora, amada, amor, incomprendida; Hermanas, noche y día”.

Defino ahora la estructura 2: “Padre; ausente en la torre, mejor amigo, con los roces peor enemigo; Madre: preocupada por el blanco blanco, despreocupada en lo que mancha la sangre; Hermana: deportista obsesiva, egoísta, madre, inmadura; Hermano: Coleccionista de desplantes.”

Y así millones, millones de estructuras.

Que sí todos tenemos huecos en casa, que en mi casa no falta un jamón colgado, ni en la cuesta de enero, que debemos ir lo más monas posibles, que no sé que hacer, que quizá me tire, que me tiro ya, que me estoy tirando... Y al final del día soñamos todos con ser otras personas, que quizá seremos, o quizá ya han sido.

Hoy por ejemplo, yo soy la pelirroja que toma té en Spitafields, que ganas de volver y empezar a andar cogida de la mano de un guiri pelirrojo, también, a devorar pumcakes sobre platos repletos de rosas. A la final de tan dulce merienda, me rozas la rodilla con tu mano, que blanca mano, que quiero dentro, entre las rodillas, y sobre la mesa una bolsa de plástico transparente pequeña, tamaño sobre, y en ella baratijas doradas, un búho, una corona, una agenda, un número telefónico, y el índice entra dentro, así más dentro, las tazas de café tiemblan y tintinean, y al estar tu más dentro, sale de mi nariz una gota, dos gotas, un río de sangre gris azulada. Y se inunda Londres, te trago a tí, a 3 más, a 2 zoológicos, eructo de lo bien que me sentó esta merienda.

Despierto, con ganas de café, porque el té es más bien para ingleses, más para pelirrojas.

Monday, April 04, 2011

Wednesday, March 09, 2011

Thursday, February 24, 2011