
Que raros estos días en los que el sol brilla hasta las ocho, en los que estoy rodeado de extrañas con costumbres extrañas, que quizá me pinten blando (no imaginaís cuantas batallas he vencido).
Y llego a casa con bartulos de pie, con polvo en el teclado. Y dudo, dudo si llegó el momento hoy de ser un hombre, o de agachar la cabeza de nuevo y seguir al rebaño que sigue un ritmo pausado y subjetivo.
No me mojo, ni me posiciono en otra cosa que no sea yo mísmo. Porque los extremos son temerarios y demasiado afilados, porque las alternativas no me convencen.
Hoy alguien me sugirió firmar donde todos firmaron, para no señalarme y salvaguardarme el culo.
Dentro de mi un grito me dijo NO!!! y dejé que ese grito me pusiera de rodillas en una blanda alfombra de largo pelo blanca, acariciado por el sol de la insconsciencia, medio divertido, medio yo.
Una llamada al final... Vas a firmar? -No.
Y los noes se mezclaron con las sílabas cuadradas del comunicar del teléfono.
Hay algo poético hasta en lo cotidiano.
No sé si abrazarme al nuevo frío acero y dejarme devorar por los bichitos que bajan de mis mangas azules, o bañarme de nuevo y ser mentolado.
Creo que me viene grande el tipo de engranaje en el que la pose, la grafia, vale más que el método, mi método.
No pienso cantar las notas que canta el coro. Desafino amplio. Me pido ser persona.