Tuesday, April 19, 2011

pdt. tazas con rosas, dosis de edulcorante


Día 1


Resulta ser verdad eso que dicen que la cafeína es adictiva. Estoy aquí y el sol, que entra por la cristalera, inunda en distintos tonos por orden: calcetines morados, pantalón a rayas verde, blanca y negra, camiseta panadero marrón otoño, manos y cara rosa gris.

No he parado desde que he vuelto a casa: limpiar el baño, hablar con mamá, beber corriendo cacao y galletas... Y este sol que me activa no puede con el peso de mis ojos, cuanto pesan las pestañas, como si tirasen de ellas pequeños y endebles enanos, posados en la mejilla lanzándose al vacío.

De pronto pienso que quizá fui pelirroja, que llevaba algo a cuadros, pequeños, fuerte y sombra, el mismo color, el mismo aburrido orden, y también pienso en mantequilla; mantequilla naranja que termina con el orden.

Es extraño saber que fui pelirroja, más cuando se es un hombre. Pero lo extraño se hace poético, simple, acogedor, cuando el hombre soy yo.

He tenido la llamada esa, la de los arqueólogos, los niños bien, los reptiles, esa de ir cruzando carreteras y perder la cabeza buscando un horizonte pleno, amplio, desconocido. La presa tentación de sumar tickets de pasos, roces de palmas de manos grasientas, yo, mi cámara, el mundo.

He pulsado el resorte de lo establecido, y me he dicho: “A casa, a dormir, a clonar días frente al televisor, a seguir viendo cine canadiense subtitulado”. Y aquí estoy pensando que quizá la vida nos viene de repente, se va corriendo, y lo que llevas es lo que más tarde guardas.

Me arrincono siempre en la cobarde estabilidad, y admiro de lejos a pequeñas rubias que sueltan párrafos sin pestañear, a enfant terribles con jerseys fluor, a viejas al volante de un coche capturando la esencia del momento, analógicamente.

Defino bien la estructura: “Padre, figura impertinente, sombra enorme, cortacesped, silencio negro, cuchillo; Madre, trabajadora insaciable, insaciable soñadora, amada, amor, incomprendida; Hermanas, noche y día”.

Defino ahora la estructura 2: “Padre; ausente en la torre, mejor amigo, con los roces peor enemigo; Madre: preocupada por el blanco blanco, despreocupada en lo que mancha la sangre; Hermana: deportista obsesiva, egoísta, madre, inmadura; Hermano: Coleccionista de desplantes.”

Y así millones, millones de estructuras.

Que sí todos tenemos huecos en casa, que en mi casa no falta un jamón colgado, ni en la cuesta de enero, que debemos ir lo más monas posibles, que no sé que hacer, que quizá me tire, que me tiro ya, que me estoy tirando... Y al final del día soñamos todos con ser otras personas, que quizá seremos, o quizá ya han sido.

Hoy por ejemplo, yo soy la pelirroja que toma té en Spitafields, que ganas de volver y empezar a andar cogida de la mano de un guiri pelirrojo, también, a devorar pumcakes sobre platos repletos de rosas. A la final de tan dulce merienda, me rozas la rodilla con tu mano, que blanca mano, que quiero dentro, entre las rodillas, y sobre la mesa una bolsa de plástico transparente pequeña, tamaño sobre, y en ella baratijas doradas, un búho, una corona, una agenda, un número telefónico, y el índice entra dentro, así más dentro, las tazas de café tiemblan y tintinean, y al estar tu más dentro, sale de mi nariz una gota, dos gotas, un río de sangre gris azulada. Y se inunda Londres, te trago a tí, a 3 más, a 2 zoológicos, eructo de lo bien que me sentó esta merienda.

Despierto, con ganas de café, porque el té es más bien para ingleses, más para pelirrojas.

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